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EL TIPO DE LA HABITACIÓN 53

Posted by Juan Manuel Vargas Vega on 28.3.20 in


Anécdotas de Hospital. Al tipo de la habitación 53, de unos cincuenta y tantos y barba espesa le he visto durante muchos días al pasar por delante de su puerta siempre en la cama y con los brazos atados, aún así no parece peligroso.

Esta tarde desde las 5 se escuchaban unas voces enfermeroooo, enfermeroooo, después de muchas llamadas sin éxito ha cambiado el sexo, enfermeraaaa, enfermeraaaa, más tarde confundido por la espera volvía a llamar camareroooo, camareroooo. Dos horas después se le escuchaba "soltadme, soltadme, que me quiero ir, enfermera, enfermera, dame un cuchillo que quiero cortar esto y me voy". Al rato pasé por delante y se había soltado las ataduras y se había sentado a la puerta de la habitación, y parecía como que hablaba sigilosamente con alguien por teléfono pero no vi el móvil "cariño no puedo hablar ya sabes cómo va esto, ya te llamo y te digo" y después seguía llamando a la enfermera "enfermera llevo cerca de dos horas llamando, no me hacen caso, estoy solo".

Momentos después se le acercó un celador para ver que necesitaba y va y le pregunta

-¿Qué quiere usted amigo?

El de la habitación 53 le contesta

-Pues verá tráigame una cervecita

A lo que le dice el celador

-No se preocupe voy a hablar con la supervisora, no creo que haya ningún problema porque usted es un hombre muy formal..., ahora se la traigo.

Hasta ahí, después que el celador le prometiera solucionarle lo de la cerveza se ha calmado. Mano de santo, una cervecita lo calma todo, aunque sea solo una promesa.

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ABUELA ¿CERO POR MENOS UNO?

Posted by Juan Manuel Vargas Vega on 8.9.15 in


Hoy voy a llegar bastante tarde a casa, al final de la jornada se me ha complicado un asunto de trabajo y por no dejarlo  a medias para el lunes se me ha pasado el tiempo sin darme cuenta, son casi las tres y media. Parece que este año se va a adelantar el verano, solo estamos en Mayo y ya hace calor. Al pasar por la esquina una racha de terral me ha traído un olor a pescaíto frito del bar que me han dado ganas de volver, sentarme en la terraza  y comer aquí, llevo un hambre desoladora. No lo había pensado pero ahora me doy cuenta que llevo años pasando por el mismo sitio casi a la misma hora a buscar el coche y que casi siempre cruzo la calle por el mismo lugar y recuerdo dos bordillos de la acera que han estado desprendidos y caídos en la calzada todo este tiempo y por fin hoy los del Ayuntamiento los están arreglando, esta acera ya no será la misma, hemos perdido esa familiaridad que nos unía.
 Al cruzar la calle otra bocanada de aire provoca una enorme lluvia de flores de color amarillo anaranjado de tres grandes acacias de la acera de enfrente, en ese momento, de mi izquierda aparecen una mujer alta y flaca, de unos sesenta y pocos, con un niño de la mano, este tendría unos siete años, no hubiera reparado en ellos a no ser porque escuché la voz chillona del niño que no  dejaba de inquirir a la mujer una y otra vez, ella no le hacía mucho caso, iba ausente, pensando en  sus cosas. En un momento dado ya se encontraban más cerca y alcancé a entender lo que decía, el niño dirigió a la mujer una pregunta envenenada a bocajarro.
- Abuela, a ver, dime ¿Cuánto es cero por menos uno?
¿Quién era ese niño?, ¿Por qué un niño de siete años hace una pregunta de ese tipo?, ¿No podría haber preguntado cuanto son dos más dos? Reconozco que me dio literalmente un escalofrío ante semejante pregunta de semejante monstruo.
La verdad que si me hacen jurar con quien me había cruzado aquel medio día por la calle hubiera dicho que con nadie, pero esta pregunta hizo aparecer instantáneamente al niño y la abuela en aquel lugar en ese mismo momento, como caídos del cielo. Miré a mi izquierda y me quedé parado en la isleta del cruce de calles esperando a  que pasara un coche, mientras tanto disimuladamente observaba con atención la escena que provocó en mí un interés inusitado. El niño cogido de la mano miraba hacia arriba inquisidoramente a la abuela después de haberle disparado esta pregunta. Su cara mostraba ansiedad por la respuesta.
Hay veces que una fracción de segundo dura una eternidad y en esa eternidad pueden ocurrir miles de cosas que solamente alguien que esté atento puede apreciar. En ese segundo de espera en el que yo observaba, la abuela iba desconectada de la perorata que el niño le  estaba soltando todo el camino y éste acosaba con sus preguntas a la mujer.
El niño insistió.
 - ¿Eh?, ¿Eh, abuela?
-¿Cómo dices?
-¿Qué cuánto es cero por menos uno?
No sé cómo describir la expresión de la cara de la abuela, entre perpleja por la extraña pregunta y descompuesta por no saber que responder ante la mirada ávida del niño que tenía toda la pinta de no conformarse con cualquier respuesta, creo más, la hubiera debatido con la abuela.
-¡Este niño del diablo!, ¿Qué le contesto yo ahora al niño, joder?- pensó en aquel momento la abuela- hubiera querido tener la respuesta o en su defecto un comodín del público como en el programa de televisión para poder consultar la respuesta adecuada.
-Pues será cero ¿no?, creo yo.
Cuando pasó el coche atravesé la calle y ya no pude seguir, me quedé debajo de una de las acacias esperando el desenlace de la conversación. Se habían percatado de mí. Miré el reloj con impaciencia y avisté la calle hacia un lado y otro como si esperara a alguien que llega tarde. Se pararon en la otra esquina del cruce, si hubieran seguido andando ya  no me hubiera quedado más remedio que seguir tras ellos para escuchar el resto.
-Hasta ayer eso creía abuela, pero he estado pensando acerca de eso una cosa. Muy próximos al cero hay una serie de números infinitesimales tanto positivos como negativos, esa franja de números sin tener valor cero, es decir sin ser un cero técnico, tienen que dar un resultado multiplicándolos por menos uno, unos tendrían valores negativos y otros positivos, aunque nos aproximamos a cero pero tienen un valor y un signo ¿se podría decir que existe una franja infinitesimal con valor menos cero y otra más cero?, aunque el cero en sí mismo no deba llevar ningún signo. ¿Tú qué crees?, ¿qué te parece mi razonamiento abuela?...
-Bueno…, verás…
-Yo creo que…
El niño la miraba con gran atención esperando una respuesta fundada y tranquilizadora. La abuela balbuceaba sin llegar a atinar con las palabras adecuadas.
-¡Pero abuela dime!
La señora ya no hacía caso de las preguntas del niño, miraba intranquila hacia un lado y otro, buscaba a alguien con la mirada. Se echó mano a la muñeca buscando el reloj que no llevaba, lo había olvidado. Abrió el bolso y sacó un móvil en el que miró que hora era. Por fin fijó la mirada hacia el final de la calle por donde apareció una mujer de unos cuarenta, alta, con buen tipo, vestida con unos vaqueros y una camisa blanca que dejaba al aire unos brazos bronceados. El semblante de la abuela cambió de descompuesto a más relajado.
La abuela  señaló al niño en esa dirección y le dijo.
-Mira por allí viene mamá.
-¡Ah!, si abuela, pero contéstame, ¿o es qué no sabes la respuesta…?
Por fin se acercó la madre del niño, la abuela impaciente y alterada por la insistencia del niño cuando llegó la madre estaba atacada de los nervios.
-¡Menos mal que ya estás aquí   Jo-a-nna    Mou-ra!, dijo la abuela remarcando cada una de las sílabas.
-Mamá estás de mala leche ¿verdad?, si no ¿por qué ibas a nombrar a  tu propia hija  con nombre y apellido?, ¿Qué ha ocurrido?
-¿Que va a ocurrir?
-Que tu superdotado y endiablado hijo de siete años me está dejando  el cerebro hecho agua. Lleva media hora  disertando acerca de la multiplicación de los infinitésimos de  cero por menos uno.
-¡Pero Mamá!, ¿qué sabes tú de infinitésimos?, ¿de qué hablas?
-¡Cómo no voy saber de eso, si tu hijo todos los días me da una clase magistral! Si quisiera sacar la Licenciatura en Ciencias Exactas solo tendría que ir a pedir el Título y cuando supieran quien soy me lo darían de inmediato, sin hacer la carrera y sin exámenes.
Joanna sonrió abiertamente al comentario que hizo su madre, no pudo reprimir una media carcajada. La abuela también esbozó una sonrisa contagiada por la risa de Joanna.
El niño miraba desde su altura hacia una y otra y al final se abrazó a la abuela.
-Perdona abuela no te enfades conmigo…
Llegado ese momento ya creí haber visto y oído suficiente. La abuela se abrazó y besó al niño y a Joanna. Se cogió del brazo de su hija y con el otro brazo rodeó los hombros del pequeño y se alejaron con el rumor de sus voces que ya no alcancé a comprender. Me quedé pensando unos minutos bajo la acacia, que no dejaba de llover flores, acerca de lo singular de todo lo que había visto y oído, miré la hora, se había hecho demasiado tarde, les vi perderse al final de la calle donde giraron a la izquierda y tomaron una amplia avenida por la que ya no pude verles. No todos los días se encuentra uno con una historia tan original como esta, mereció la pena haber salido tarde y cruzar mi camino con el de la abuela y el niño. Me di media vuelta y me marché en busca del coche para volver a casa.




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EL EMBARGO

Posted by Juan Manuel Vargas Vega on 2.12.13 in
                - ¡Joder, joder!, ¿Qué es esto?, estoy sudando ¡joder!
Me levanto mareado por el sueño dando trompicones y sin encender la luz abro el armario, trasteando en los cajones buscando otra camiseta, voy al baño, llevo la camiseta pegada al cuerpo y el cuello está empapado, también tengo el pelo húmedo. Estoy muy confuso por el sueño pero ahora caigo que me he despertado con una pesadilla que me cuesta recordar, ¿por qué ocurrirá eso si acabo de soñarlo?, alguna vez me he preguntado cual sería el resultado si fuéramos capaces de recordar todos nuestros sueños y los escribiéramos antes de olvidarlos, a lo mejor en poco tiempo tendríamos un magnífico libro de fantasía.
Mientras orino recuerdo lo que me ocurrió este pasado mediodía cuando volvía del Banco, en la calle de abajo a la puerta de una de las casas estaba el camión de Mudanzas Peláez, estaban cargando el camión con los muebles y no paraban de entrar y salir operarios de la casa con las cajas de cartón posiblemente llena de enseres. Delante del camión también estaba medio subido sobre la acera el coche familiar con el maletero abierto que mostraba también algunas cajas. Con este pensamiento me he echado en el sofá del salón a oscuras. Ahora me doy cuenta que pasé despacio y recuerdo lo que vi en ese momento casi con detalle. En la quietud y el silencio de la noche me es más fácil recordar, lo revivo como si lo estuviera viendo a cámara lenta, observando cada hecho, cada persona y cada cosa que ocurrió. Era sobre las tres de la tarde, antes de llegar había parado  un momento a la entrada de la calle para echar una avispa que se había colado por la ventanilla del coche, no fue fácil persuadirla de que debía salir por alguna de las puertas abiertas, ya desde lejos vi el camión, me llamó la atención, me acerqué a poca velocidad, el camión estaba casi lleno de muebles, al final había quedado hueco para unas ocho o diez cajas que apilaban los operarios. Entre el camión y el coche uno de los operarios que debía ser el encargado hablaba con el dueño de la casa, que tenía mala cara, lo vi muy demacrado, con ojeras  negras y los ojos enrojecidos y con cara de preocupación, por lo que pude oír, este le preguntaba al del camión si cabrían el resto de cajas, le contestó que no, que quedaban seis cajas mas que no entraban. La mujer, a la que conocía, habitualmente es muy risueña, estaba seria y también tenía cara de preocupación, estaba despeinada, su aspecto me pareció descuidado. Con ayuda de la otra que no conozco habían metido en el maletero del coche dos cajas y se disponían a meter otra.
Tuve que parar para que pasara el operario con la carretilla hasta el camión, al marido que ya había terminado la conversación con el encargado, le observé y le vi con grandes bolsas en los ojos y con cara de desesperación se pasaba la mano por la cabeza hasta el cuello y no llegué a entender lo que dijo con exactitud pero por el tono y la crispación con que lo hizo sonó a maldición.
En esta corta parada también vi a los niños, un varón de unos 6 y una niña de 4 llorando a todo meter y con los mocos caídos, estaban sentados en el escalón del porche junto a una bici apoyada contra la pared y una caja con algunos juguetes entre los que se veía una muñeca con el pelo revuelto. El niño con los ojos abiertos como platos, observándolo todo muy serio, parecía alerta, sin perderse ni un detalle, al mismo tiempo atento a la conversación de su padre con el del camión, al operario de la carretilla de color amarillo, a su madre cargando la caja y lo que hablaba con la otra que no pude oír, miraba a su hermana y la consolaba acariciándole el pelo, también cruzó la mirada conmigo, durante un larguísimo medio segundo mantuvo su mirada con la mía, también a mi me analizó.
Me vio llegar y me miró un breve instante con gran intensidad, nos conocíamos desde hacía bastante tiempo incluso hubo algo entre nosotros hace siete años, como una muda me habló pero sin articular sonido, entendí que la esperara al doblar la esquina, luego le dijo algo acercándose al oído a su amiga que me miró y se fue para dentro de la casa, al dar la curva me paré y enseguida llegó, abrió la puerta y se sentó, solo dijo un tímido ¡hola!, me miró fijamente con sus grandes ojos sin decir nada durante tres o cuatro segundos, en ese corto espacio de tiempo bajo su mirada reviví mi relación con ella como un relámpago. Me dijo que tenían problemas económicos, se marchaba lejos, a otro lugar, que ya no volvería nunca, al final habíamos quedado amigos, había una gran complicidad entre nosotros, esa mirada de ella ya la conocía, era la mirada de “esto ya no tiene arreglo, se ha acabado”, hace años que no estaba tan cerca de ella como ahora, a pesar de estar despeinada me pareció tan atractiva e interesante como siempre, habló de forma apresurada y muy nerviosa, me miró profundamente, me dijo adiós, me dio un inesperado abrazo, me besó y salió corriendo, me dejó de una pieza sin saber cómo reaccionar, bajé a cerrar su puerta y me asomé a la esquina para verla por última vez, la vi junto a su amiga limpiándose las lágrimas de los ojos. Estos recuerdos me han hecho sentir un escalofrío que me ha recorrido el cuerpo de extremo a extremo, me he tapado con una manta del sofá.
Tendría que dejar de fumar de una vez por todas, pensando en todo esto me he espabilado y no puedo aguantar las ganas, liado en la manta me voy al patio a echar un cigarrillo. No se mudaban voluntariamente, ¿estaban salvando los muebles y enseres y se marchaban por un embargo?, las palabras de ella fueron problemas económicos pero no habló de embargo, es solo una suposición pero no se les veía alegres como cuando una familia cambia de casa, había un drama detrás de todo esto. Entre el sonido de los grillos voy engranando mis pensamientos, me acaba de dar un flash y he recordado algo que vi hace unas dos semanas atrás, a lo mejor no tiene nada que ver con esta historia. Al pasar al mediodía, alguien de la casa acababa de salir y estaba abriendo el buzón, hacía mucho viento, al abrirlo la chica miró instintivamente hacia la derecha al oír un fuerte ruido de unos albañiles al descargar unos escombros en un contenedor en una casa de al lado que estaba en obras, del buzón cayó una carta al suelo que arrastró el viento en sentido contrario al que ella miraba. Pasé y no miré por el retrovisor por lo que no se si la chica salió corriendo detrás de la carta para recuperarla o ni siquiera se dio cuenta y se perdió definitivamente. ¿Sería algo importante, un último aviso de pago?
Que curioso es como funciona el cerebro humano, vas viendo que ocurren cosas y en ningún momento piensas que tienen relación unas con otras, van quedando almacenadas en nuestra memoria y en un instante ves algo nuevo que ha ocurrido que actúa como un detonante y rápidamente se van encajando todas las piezas del puzle, unas veces evidentes y otras como estas de ahora que son meras suposiciones. Ahora, para mi todo es más que evidente, aunque desconozco los detalles. En los últimos meses he visto al propietario de la casa, su marido,  ir varias veces a mi Banco a hablar con el Director, pero no sé nada mas, no debo olvidar hablar mañana con mi compañero que lleva el asunto de los protestos por impago y los embargos  para indagar sobre este asunto, siento curiosidad de saber que ha ocurrido.
-¡Eh! Mateo, quería hablar contigo, ¿tienes un momento?
-No, ahora no puedo, tengo una cita con el Jefe de Personal, como sabes tengo la edad para acogerme el ERE y me han llamado para informarme de las condiciones e intentar convencerme para que me adhiera, luego hablamos.
- Solo un momento ¿dónde tienes los expedientes de embargo?
- Busca en la base de datos de clientes y te dirá el número de expediente que luego puedes buscar en ese archivador, sírvete tu mismo.
Me puse a buscar, conocía los apellidos tanto de él como los de ella con lo que no sería difícil, me costó poco tiempo, enseguida entré en la base de datos y efectivamente había un embargo, lamentablemente había acertado, tomé nota del expediente y lo localicé, había un montón de documentación que no tuve tiempo de leer durante la mañana, por la tarde fui de nuevo a la oficina y terminé de leer y analizar todos los documentos hasta llegar al final, al embargo. Se les había notificado y no habían esperado al último minuto, habían recogido lo que tenían y se marcharon. Según el expediente el Banco ya tenía posibles clientes para vender la casa a partir de la semana siguiente. Es duro ver como la gente pierde su vivienda y muy frio como se pone a la venta al día siguiente, sin más.
Me fui a casa pensativo, dándole vueltas en mi cabeza a todo lo ocurrido, llegando de nuevo a la casa embargada vi que estaba abierta y en la puerta había una furgoneta, sin pensarlo paré el coche y corrí hasta la puerta, me asomé, había unas personas terminando de recoger unas alfombras y desmontando unas cortinas, les pregunté si conocían la dirección a donde habían ido a vivir los anteriores propietarios y si conocían a Joanna Moura que así se llamaba ella, me contestaron que no sabían nada, eran empleados de una empresa contratada para recoger lo que quedaba y nada más.
Salí, tomé un papel y comencé a anotar el teléfono que aparecía en la furgoneta, antes de terminar de escribirlo paré y rompí el papel, lo tiré y me subí en el coche, me quedé un rato pensativo sin saber que hacer ni a donde ir, pensé en Joanna, pensé mucho en ella, hasta aquel momento a pesar del tiempo pasado no me di cuenta de cuanto me provocaba. Se había marchado y no sé si puedo y debo localizarla, no sé que haré mañana, tengo que pensarlo para no equivocarme, hoy no haré nada, me siento sicológicamente agotado. La noche llegó enredada entre estos pensamientos. Arranqué y pasé de largo mi casa con intención de buscar algún sitio donde emborracharme y perder la  memoria.

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EL EMBAJADOR DE SAN PETERSBURGO

Posted by Juan Manuel Vargas Vega on 22.2.12 in

Hace algunos años conocí casualmente a un tipo muy singular, nunca llegaré a saber si  mentalmente era un superdotado, un enfermo o tal vez ambas cosas, es más que probable esto último, puede que esta combinación fuera lo que hacía de él un individuo con una gran memoria,  inteligente, culto y al mismo tiempo con una gran fantasía, incluso mentiroso, de ese tipo de mentirosos compulsivos que se creen sus propias mentiras, que las viven con más realismo que si fueran reales, con una gran capacidad para conversar, con gran conocimiento casi de cualquier cosa, de política, historia, economía, geografía, religión…,  bien vestido, camisas tipo Tommy Hilfiger y similares, manejando dinero, extraño, aparentemente buena persona, pero de primeras me chocó la historia que contaba de sí mismo, sus amigos, su familia y su vida.
Durante este tiempo, varias veces he pensado en escribir este relato, lo he dejado bastante, unas veces por falta del tiempo necesario, otras por pudor a escribir acerca de una persona que tal vez pudiera ser un enfermo mental.  Hasta ahora que me he decidido a hacerlo ante el temor de olvidar algunos fragmentos de la historia de este personaje que ya empiezan a desdibujarse en mi memoria.
Su familia era de fuera, sus padres separados. Su padre, cerca de 50, pelo engominado para  atrás, de traje 5 días a la semana, mañana y tarde, 48 semanas al año, muy serio, un gran directivo del Banco Santander en Madrid, que viajaba muchísimo a destinos internacionales por motivos de trabajo, del orden de 3 días a la semana durante todo el año, según el hijo. A pesar del tiempo dedicado al trabajo tan intensivo le quedaba tiempo para tener una novia en la modalidad de living  apart  together.  El tiempo que pasaba en Madrid vivía en un piso de esos antiguos tan caros con los techos muy altos, en la zona más  céntrica y que en otro tiempo fue el hogar familiar. Su madre de unos cuarenta y pico, jovial, desenfadada y de aspecto un poco hippie en su forma de vestir, vivía en Toledo con el otro hijo, hermano menor de nuestro personaje.

Le conocimos un verano, unos amigos habían abierto un bar y al anochecer de los días calurosos íbamos por allí a tomar unas cervezas y picar algo, allí le conocimos y entablamos conversación y coincidimos bastantes días durante los meses de Julio, Agosto y principios de Septiembre.
Vivía solo en un apartamento de alquiler y estudiaba en la Universidad, por su acento enseguida supimos que no era de aquí, le preguntamos de donde era y que hacía aquí estudiando una carrera que podía hacer perfectamente en Madrid en una Facultad de mayor prestigio. Nos contó que era un deportista de élite, su especialidad era el jiu-jitsu y la federación le pagaba la estancia aquí y al mismo tiempo trabajaba para ésta en un centro de alto rendimiento de Marbella enseñando este deporte a los niños, iba 3 veces en semana por las tardes. Nos contaba que había recorrido más de medio mundo desde muy joven en competiciones y exhibiciones de jiu-jitsu, de hecho hablaba de cuando estuvo en tal o cual ciudad, y daba datos que en algunos casos podíamos confirmar eran ciertos porque las conocíamos. Era contradictorio, en una ocasión hablando acerca de los horarios de los trabajos llegó a decirme que en ese particular no tenía problema, que su jefe no le obligaba a hacer un horario fijo de oficina y si había algo urgente le llamaba su secretaria, ¿Qué oficina? ¿Qué secretaria?  A mí personalmente me pareció muy rara toda esta historia, lo de deportista de élite, que podría haberlo sido  pero era demasiado joven para esto, ¿Con que edad lo era para recorrer el mundo en competiciones y exhibiciones?, ¿Por qué le iba a pagar la federación la estancia, incluida la vivienda solo por dar clases a unos niños?
Ya no recuerdo bien, no sé si la familia del padre era de Cantabria pero el caso es que cuando era un adolescente había vivido allí. Nuestro amigo en alguna ocasión hizo referencia a sus amigos de allí con los que según él seguía teniendo contacto, tenía con ellos una empresa con la que buscaban coches antiguos o raros por encargo, para cualquier parte del mundo. En una ocasión me hizo referencia a que estuvo buscando un modelo raro de un Seat 127 para un alemán, según me contaba se había pasado un fin de semana completo buscando este coche por internet para su cliente que según dijo lo pagaba bien caro, incluso me dijo que como se había retrasado en localizar el coche el cliente le había amenazado ya que había pagado por adelantado. En otra ocasión se ausentó unos días, dijo que iba a Frankfurt, sin querer dar muchas pistas vino a decir que iba para un negocio no muy limpio, relacionado con la venta de petróleo, actuaba de intermediario en nombre de otro, sonsacándole dio a entender que se trataba de llevar una gran cantidad de dinero por encargo de alguien a un tercero, estuvo unos días desaparecido y luego volvió.

De las muchas ciudades que decía conocer también hablaba de La Habana y Miami, contaba que a principios del siglo pasado sus  abuelos por parte materna emigraron a Cuba,  allí hicieron fortuna, hasta que viendo que se acercaba la caída del presidente Batista por la revolución de Castro liquidaron lo que pudieron y se marcharon a Miami, una vez en Miami y con el tiempo montaron un casino, alardeaba que el Casino de Miami era propiedad de sus abuelos y sus tíos, incluso daba el apellido de la familia, es una lástima no recordarlo para investigar por internet si había algo de cierto en esto, nos estuvo diciendo que había estado el verano anterior allí con ellos. Supuestamente su madre habría nacido en Estados Unidos y él decía tener la doble nacionalidad, estadounidense y española. Por supuesto hablaba  unos pocos idiomas. Una de las tardes, en una de sus charlas y a santo de lo de su familia de Miami y hablando de los Estados Unidos no sé muy bien porque salió a la conversación en qué estado se encontraba el Cañón del Colorado, dijo:
-          Creo que es Arizona-, sin más se echó mano al bolsillo del pantalón saco el móvil y dijo que su padre lo sabía, estaba en el Banco, iba a llamarlo.
-          Oye ¿recuerdas en qué estado se encuentra el Gran Cañón del Colorado? ¿Es Arizona, verdad?, si de acuerdo, vale, hasta luego.
-          En el estado de Arizona.
No cruzaron una palabra más, si es que habló con alguien claro, marcó un número, no sé si existente o no, con el tiempo pensando en ello me inclino a pensar que no, hizo la pregunta y el mismo se respondió.
Contaba que en estos viajes relámpago de menos de una semana que hacía como el de Frankfurt, no  sabemos a cuenta de qué pero a los que él le daba un cierto aire de misterio, con una mezcla imposible entre algo oficial y no  muy legal relacionado con actividades de asuntos exteriores internacionales, como si fuera de un servicio oficial pero secreto, iba naturalmente a gastos pagados como asesor de algo y contaba que  conocía a muchísima gente importante a nivel político, ministros y embajadores. De este relato recuerdo que hizo especial mención de que conocía mucho al embajador, no recuerdo ya si alemán o americano, en San Petersburgo, le unía a él una gran amistad. Al parecer era un tipo calvo y de una gran estatura y corpulencia y que le tenía un gran cariño, le trataba como un hijo y que cuando se encontraba con él en algunos de estos actos le daba grandes muestras de afecto como si se tratara de alguien de su familia. Contó aquel día que fue invitado a una recepción de este embajador y que acudió a la cita, al llegar a la entrada del edificio en cuestión donde se celebraba, dos agentes de seguridad no le permitieron el acceso y mantuvo con ellos una fuerte  discusión hasta que les convenció de que avisaran al embajador, que le pasaran su nombre, que cuando este supiera que estaba allí daría la orden de que le permitieran el paso. Y según dijo así fue, no solo eso sino que salió el embajador a recibirlo personalmente,  le dio un gran abrazo y recriminó a los agentes de seguridad, que quedaron con la boca abierta.
A principios de Septiembre una tarde recibió una llamada de su padre, se levantó, se retiró un poco y estuvo hablando un buen rato, después volvió nervioso y contrariado, apuró la cerveza y nos dijo que se tenía que marchar, que marchaba  a Madrid a la mañana siguiente, tenía que ir, su padre le mandaba llamar. Ya no le volvimos a ver nunca más, no volvimos a coincidir con él, nuestros amigos del bar nos contaron que después de aquel día regresó y dijo que se marchaba definitivamente a estudiar a Madrid, se lo exigía el padre, le pagaba la Facultad en una Universidad privada y que tenía que ir a vivir con él a su casa aunque no le gustaba la idea. Había venido a recoger sus cosas del apartamento, a liquidar el alquiler y a entregar las llaves al propietario. Se marchaba.

Ya no sabemos mucho más de él, solo una cosa más, cuando se marchó estaba en primero de carrera y con asignaturas sin aprobar, un año después de marcharse le contó a alguien a quien conocíamos mutuamente que ya había terminado la carrera ¿3 cursos en 1? Y que le habían ofrecido un trabajo muy importante en una gran empresa. ¿Se había desmantelado la fantasía anterior y se había fabricado una nueva a medida de su nueva circunstancia?
No sé bien que pensar acerca de todo esto, a menudo cuando me he acordado de él en estos años me he hecho mil preguntas para las que no tengo respuestas pero no por eso he dejado de hacérmelas. ¿Qué hace un chaval de 21 años viviendo solo con este cuadro mental, lejos de su familia? Al principio pensaba que era un mentiroso, ahora no lo creo así, su cerebro producía esta fantasía que para él era más real que la vida de cualquiera de nosotros, ¿Es que sus padres no se habían dado cuenta de la situación que vivía el hijo, o es que ellos creían la historia?, ¿Podría ser que estuviera aquí porque le habían enviado los padres para que le tratara un médico en el que confiaban? Esto tendría explicación porque justificaría de donde salía el dinero para el apartamento y lo demás y además explicaría que para que no perdiera el tiempo le habían matriculado en la Universidad, ¿A dónde iba cuando desaparecía durante unos días y decía haber estado en cualquier parte del mundo?, ¿Era un lector compulsivo, con una fantasía prodigiosa que con un batiburrillo de historias e información extraída de internet, los periódicos y el telediario elaboraba un mundo imaginario de deportistas de élite en artes marciales, agentes del estado en misiones secretas,  negocios con jugosos beneficios al borde de la ley y por si fuera poco una familia emigrada al nuevo mundo que controlaba el Casino de Miami?,......... y 995 preguntas más……………..

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MODAS NOELIA

Posted by Juan Manuel Vargas Vega on 13.10.11 in
-         ¿Por favor, sabe usted donde se encuentra el mostrador de Alitalia?
-         No hay ninguno prefijado, en los monitores que hay sobre los mostradores unas dos horas antes aparecerá el nombre de la compañía, el número del vuelo y el mostrador que le corresponde.
-         ¿En cuales? ¿En estos de aquí?
-         Depende, en estos, o en otros, esa información la indican los paneles. A ver que vuelo es.
-         Alitalia, AZ-0197, Madrid-Roma….
-         Mire el panel, mostradores 394 y 395, aquellos de allí.
-         Gracias, contestó.
Se trataba de un hombre de unos 65 o 66 años, con barba de tres días, con grandes surcos marcados en la cara, medio canoso y peinado hacia atrás, cejas grandes y muy pobladas, mas que cejas parecían dos gatos acostados, ojos hundidos y un algo chepado. Vestido con camisa de manga corta de color verde claro y pantalón de color gris. Luego quedará claro porqué recuerdo el color de la camisa, y no me hubiera fijado en el color del pantalón a no ser porque el cinturón por la parte trasera no lo había pasado por todas las presillas. Iba calzado con sandalias de cuero negro y portaba una bolsa de plástico de color beig, aparentemente con poco contenido, algo arrugada y con letras burdeos que publicitaban el nombre de una tienda de ropa de barrio, “ Modas Noelia”, Calle Compañía……, Telf. 95223…….
-         De nada, contestó la señora acompañada de su hija, también es nuestro vuelo.
La señora y la joven arrastraban dos maletas descomunales, no parecía que fueran de vacaciones, mas bien que se marchaban para siempre.

Se organizaron las colas en sendos mostradores. El señor en cuestión estaba en el 394 y nosotros en el 395. Llegamos a nuestros respectivos mostradores casi a la par. Fue casi imposible no observar la escena ni escuchar la conversación.
-         El billete del vuelo.
-         Si, tómelo. Lo sacó del bolsillo de la camisa y se lo entregó.
-         No, este no es, este es el de regreso –dijo la azafata con fuerte acento italiano-
Abrió la bolsa y hurgó en ella, sacó el otro billete y se lo entregó a la azafata.
-         Me permite el DNI.
-         No, no lo llevo, tengo el pasaporte ¿da lo mismo?
-         Si, es igual.
-         Coloque la maleta en la cinta.
-         No llevo maleta.
La azafata, una morena con el pelo recogido en una cola, guapa, de grandes ojos azul claro, se incorporó de su asiento y hasta aquel momento no se apreció la estatura que tenía, que era bastante apreciable, y miró al hombre de arriba a abajo por encima del mostrador con los ojos muy abiertos y con cara de asombro dijo:
-         Non è possibile! senza una valigia per un viaggio di una settimana?
-         Bueno, llevo esta bolsa, dijo señalando a Modas Noelia, un poco cohibido por el tamaño de semejante criatura  y por la mirada penetrante de los ojos azules de la azafata que parecían haberlo atravesado de parte a parte, -bien es verdad que como decían los antiguos romanos era una mujer correcta, no solo en lo que refiere a la belleza si no también a su cuerpo, grande pero bien proporcionado-

Ya no le vimos en el avión y nos olvidamos de él, luego nos dijeron que había protagonizado un incidente con una azafata. Una vez en Roma se pegó a la señora y la hija con las que coincidió en el aeropuerto, ellas viendo que estaba solo dejaban que se les arrimara en todas las visitas y excursiones, aunque por lo que comentaron los compañeros de viaje parece que molestó a la chica y ya no le permitieron que las acompañara.
Al segundo día ya no apareció, íbamos de excursión y la guía que nos asistía se encontraba contrariada por la falta de uno de los pasajeros, esperamos un rato, hizo idas y venidas a la recepción del hotel, preguntó por él, llamaron a la habitación y no estaba, como si se lo hubiera tragado la tierra, subimos al autocar y nos marchamos.
A la mañana del tercer día tampoco dio señales de vida, pero había noticias frescas, la guía nos estuvo contando que la llamaron a las 4 de la mañana. Parece que el individuo en cuestión, que se llamaba Antonio como supimos entonces, había acudido muy desaliñado a altas horas de la madrugada a la embajada de España en la Santa Sede que está situada en la Plaza de España y asombrosamente había pedido asilo. Por lo que contó la guía, según declaraciones de Antonio, la causa de tal petición era que la tarde anterior lo había raptado una secta y lo habían obligado a practicar sexo durante horas, después dijo que le habían quitado todo el dinero que llevaba y finalmente pudo escapar y sin saber donde ir fue a la embajada. La guía lo contaba con gran asombro e incredulidad, entre otras cosas por las trazas del individuo, su edad y aspecto fisico …. En cualquier caso aquel día marchamos a otra ciudad sin él, se negó a seguir el viaje con el grupo, supusimos que buscaría la manera de regresar a España.

El grupo era muy variopinto, entre la mayoría de españoles que lo componíamos viajaban algunos mejicanos y otros hispanos que residían en Miami que habían hecho escala en Barcelona, en esta ciudad también embarcó un matrimonio de unos 50 con su hijo, la señora era mejicana, él egipcio y vivían allí desde hacía tiempo, ella era el vivo retrato de Chavela Vargas, en algún momento incluso dudé si no lo era, me dieron ganas de pedirle un autógrafo.

Dos días después, en Florencia, por la tarde descansábamos sentados en los escalones que hay a la entrada del Duomo, frente a la Puerta del Paraíso del Baptisterio, manteníamos una conversación animada, alguno del grupo había estado tomando café en la terraza de una cafetería próxima y allí se encontró a Bono el cantante de U2 y se había hecho unas fotos con él.
En aquel momento alguien dijo:
-         Mira, mira quien viene por ahí, ¿no es Antonio?
-         ¿Qué Antonio?
-         Pues el que se quedó en Roma, al que raptó la secta sexual.
-         ¿Y que hace este tipo aquí?, si ya lo hacíamos en España, ¿dónde habrá estado?
-         Pues, seguro que reponiéndose del atracón de sexo del otro día -dijo bromeando alguien del grupo-
Se acercó, con su camisa verde y fumando como siempre.
-         Buenas tardes, ¿Dónde estaba usted?, nos alegramos mucho de verle –le dijo Chavela, con amabilidad-
-         ¿Qué ustedes se alegran de verme?, venga, vamos –dijo Antonio levantando la voz con bastante desagrado-
-         Vaya, ¡Que se alegran de verme! ¿y pretende que me lo crea? –le dijo a Chavela de malos modos y enfrentándose con ella-.
-         Oiga, oiga, que es mi mujer, no le permito que le levante usted la voz ni que le hable así, solo ha intentado ser amable –dijo el egipcio, que se había levantado para recriminar a Antonio-
-         Usted se calla -replicó Antonio de muy mal genio, y le dio una gran bocanada al cigarrillo-
-         Pero bueno, usted no tiene educación ni vergüenza -intervino Chavela alterada por el tono que había tomado la conversación, y antes de que pudiera seguir hablando le contestó Antonio-
-         Y usted también se calla señora, ¡cállese….! y ¡déjenme ya en paz! – se dio media vuelta y se alejó del grupo apurando el cigarrillo-
Nos quedamos todos con la boca abierta, no sabíamos que decir, la situación había sido muy incomoda. Se me ocurre que seguramente “la tarde intensa de sexo” en Roma le hizo bajar la sangre del cerebro durante mucho tiempo y eso le habría producido daños irreversibles en las neuronas, no hay otra explicación. Nos quedaban todavía 3 días de viaje, a partir de este momento el “señor” Antonio continuó con su camisa verde y como era de esperar fue evitado y excluido por el grupo, pero a él le daba completamente igual, de hecho dos días después en Venecia, en la Plaza de San Marcos frente a la Basílica y el Palacio Ducal intentó pegarse a nosotros.
-         Hay que ver lo grande que es esto, desde luego esta iglesia y el palacio deben costar una fortuna, dijo Antonio.
Entre tanta gente no nos habíamos apercibido que se encontraba a nuestro lado, lo miramos de soslayo, nos miramos y sin decir ni una palabra mientras el contemplaba la “riqueza” nos escabullimos entre le gente y le dimos el esquinazo correspondiente.

De vuelta a España ya en el aeropuerto, como no tenía que esperar a recoger el equipaje perdimos rápidamente de vista a semejante tipo.

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PÓNGAME UN CAFÉ CON EL FRIO QUITADO

Posted by Juan Manuel Vargas Vega on 10.9.11 in


Hacía años que nos conocíamos, éramos compañeros de trabajo desde hacía bastante tiempo. Diariamente nos reuníamos casi la mitad de los compañeros para ir a desayunar,  la otra mitad iba mas tarde y  había algunos que no formaban parte de ninguno de los dos grupos, bien porque ya pasábamos bastante tiempo juntos y valoraban tener un tiempo de relax yendo solos o bien porque iban con compañeros de otra planta del edificio, y algunos, los menos, iban a su casa a desayunar que les quedaba cerca o sencillamente ya venían desayunados.
En este último grupo se encontraba Justo, desde siempre no iba con ninguno de los dos grupos. Un buen día, todavía hoy no se sabe por qué, se unió a nuestro grupo.
-         Hoy me voy a desayunar con vosotros, nos dijo.
Nos miramos con cara de sorpresa, hasta que alguien le preguntó:
-         Pero bueno Justo, ¿Cómo es que te vienes, no has desayunado en casa como todos los días?
-         No, hoy no. A partir de hoy solo tomo café en casa y desayuno con vosotros, así se me hace la mañana mas corta hasta la comida.
Era primavera, hacia una mañana esplendorosa, un cielo azul, radiante, ni un soplo de viento y unos 24º o 25º, como para no estar trabajando. Fuimos tranquilamente paseando subiendo la cuesta hasta el bar disfrutando de la mañana. Éramos un grupo de 7 u 8, como siempre. El camarero que ya nos conocía se sabía los cafés: un corto doble, dos mitad dobles, una nube,…. Nos preguntó por los bocadillos que es en lo que variábamos un día u otro.
-         A mi póngame un sombra, doble no, sencillo, pero no me lo ponga caliente, me lo pone con el frío quitado, y un pitufo con aceite, con el pan no muy tostado, dijo Justo.
El camarero, un tipo  de unos 40, alto, con cara de pocos amigos no hizo ni una mueca a este comentario, no levantó la vista del bloc donde anotaba la comanda.
El bar que todavía existe, es un mesón, con un salón grande, es un negocio familiar, más de la mitad de los camareros de dentro y fuera de la barra son familia, e incluso aquel día uno de los hijos de uno de los propietarios jugaba en el salón.

Recientemente, después de varios cambios de oficina, hemos vuelto casi al mismo sitio donde comenzamos y hemos vuelto a ir a desayunar al mismo bar. Ha cambiado la fauna y hay más gente que entonces. El verano pasado, a nuestra hora, coincidíamos casi todos los días con una mujer de unos 35, morena, atractiva, embarazada y acompañada de un señor de unos 60. Mis compañeros y yo día tras día nos preguntábamos que relación les unía.
-         Yo creo que es el padre, dijo uno de ellos.
-         Pues yo creo que no, dijo otro.
-         Pues a mi me parece que es el compañero, si no, ¿a que iba a venir a desayunar todos los días con ella?
-         No puede ser, si tiene por lo menos 30 años más que ella, como una mujer de su edad iba a estar con un hombre que parece su padre.
-         Quien sabe, ¿y si a ella le confunde la noche y bajo el efecto de perdida de conciencia producido por  el alcohol lo conoció, pasó una noche loca y quedó embarazada?
-         O tal vez, es un superhombre en la cama, ahí donde lo vemos, las tías se vuelven locas por él.
-         Venga hombre… ¡Vamos!, ¡Anda ya!, eso es lo que él quisiera.
Y en estas intentábamos todos los días adivinar que relación había entre ellos.


El camarero, nos sirvió los cafés y los bocadillos.
-         Joder..., joder…, joder…
-         ¿Qué te ocurre Justo?
-         Eh! camarero..., camarero no se vaya, llévese el café, le he dicho que no lo quería caliente, que lo quería con el frío quitado.
-         ¿Se lo cambio de  vaso?
-         No, no quiero que lo cambie de vaso, lo quiero con el frío quitado.
Sin articular palabra, pero con un gesto de desagrado en la cara apenas imperceptible, el camarero se llevó el café.

-         Pues sabéis lo que pienso, que es el amante, ella es de ese tipo de mujeres a las que les gusta los tíos más mayores que ella y que les gusta sentir a su lado a un hombre con un aire paternal.
-         No lo creo, ella es atractiva, nunca buscaría  a un hombre tan mayor, tiene posibilidades de encontrar uno de su edad.
-         Fijaos ya se marchan, en estos días le ha crecido bastante la barriga, ya le falta poco para dar a luz.
-         ¿Creéis que el abuelete todavía mantiene relaciones con ella estando tan embarazadísima como está?
-         ¡Que va! Este debe ser el padre.
-         Que no, que no, que es el compañero, no veis la cara de satisfacción que tiene por ser padre a los 60.

De nuevo el camarero trae el café a Justo. Toca el vaso con temor a quemarse y pone mal gesto, se lo acerca con cuidado para probarlo y por la cara de desagrado ya sabemos todos que el café no ha vuelto con el frío quitado.
-         No puedo, no puedo tomar este café tan caliente, esto me quema, a ver donde está el camarero, ¿por que no se entera que lo quiero con el frío quitado?
-         Camarero, camarero por favor, mire este café quema.
-         Bueno, le han puesto leche fría, no se como puede quemar todavía -dijo el camarero- bastante molesto por la exactitud con la que los clientes exigían la temperatura del café.
 Seguramente estaría pensando para sus adentros, ¡pues sóplale, capullo! o ¡espérate que se enfríe delicado de mierda!, que me has hecho venir ya dos veces a cuenta del puto café.

-         Míralos, ya esta aquí la parejita, la embarazada y su amante el abuelete.
-         ¿Le preguntamos al camarero a ver que sabe de ellos?
-         Anda ya ¿tú crees que va a saber algo?
El camarero era el chico que jugaba en el salón casi veinte años atrás.
-         ¡Eh! camarero, una pegunta, estamos aquí intrigados intentando averiguar  que relación  une a estos dos, pero no lo adivinamos, que si son padre e hija, que si son pareja… no nos ponemos de acuerdo ¿Qué sabes?
-         Son compañeros de trabajo –dijo el camarero, con una sonrisa maliciosa en la cara-, no son pareja, trabajan juntos en una oficina de aquí cerca y vienen a desayunar juntos a diario.
En ese momento se rompió el morbo de la situación. Quizás no deberíamos de haber preguntado. Había opciones tan sencillas como esta que no habíamos pensado.

-         Aquí está el café con el frío quitado, dijo de malas ganas el camarero.
-         ¡Es que se lo he pedido con el frío quitado! -dijo Justo molesto por la actitud del camarero-, ¿no es capaz de entender lo que le he pedido? –se enfrascó en una discusión absurda con el camarero-
-         Vamos a ver es la tercera vez que le traigo el café, cada vez con mas leche fría, espero que esta vez sea del agrado del señor… –dijo sarcásticamente-, y si no es así le sopla usted o se lo toma en su casa… - y faltó una sola palabra para completar la frase, que el camarero no llegó a pronunciar, pero que algunos si fuimos capaces de oír directamente de su pensamiento…. ¡Gilipollas!-
El camarero se fue harto de la situación y Justo siguió protestando...
    -     Y además le he pedido el pan poco tostado y fijaros como me lo ha traido, miradlo, miradlo..., todavía se lo devuelvo y me tiene que traer otro menos tostado....

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YO CONOCÍ A NAPOLEÓN Y A JOSEFINA...

Posted by Juan Manuel Vargas Vega on 17.8.11 in


Iba con tiempo de sobra, tenía cita para la prueba radiológica a las 10:15 y faltaban todavía 25 minutos, había previsto que me sobrara tiempo para tomar café. Muy cerca de donde tenía que ir hay varios bares, me paré en el Café Metrópoli, me da la impresión que por el aspecto interior está igual que hace 40 años, siempre me llamó la atención su enorme y antigua barra de madera en forma de U.
-         Un café y un pitufo con aceite, por favor.
El bar estaba casi vacío, a parte de los 2 camareros, éramos 3 clientes. Un señor de unos 60 sentado en una mesa leyendo el periódico, yo de un lado de la U y otro señor de unos 50 al otro lado de la U, casi enfrente de mi, tomando una copa de coñac. Mientras me servían tomé un periódico que había sobre la barra y empecé a hojearlo.
El señor de la copa de coñac, aparentemente mareado por la poca estabilidad que demostraba en sus movimientos, se la tiró a pecho y carraspeó con fuerza y con voz de borracho le dijo al camarero con confianza:
-         Pepe, ponme otra copa.
-         Ya has bebido demasiado, ya no bebas mas, le dijo el camarero.
-         Anda Pepe, ponme la copa ya, y ponle otra a este hombre, refiriéndose a mi.
-         No muchas gracias, le contesté.
-         Pero bueno, me va usted a rechazar una copa a mí, me esta ofendiendo, ¿es que no quiere usted beber conmigo?
-         No, perdone no se ofenda, es que para mí es temprano para beber.
-         Pues le invito a desayunar.
-         Pepe, el desayuno de este hombre lo pago yo.
Una situación incomoda, el hombre insistía en invitarme y se ofendió por que le dije que no. Mientras tanto el señor de los 60 de la mesa no estaba ajeno a la conversación, pero no levantaba la vista del periódico quizás por temor a que la tomara con él.
Pepe le sirvió la copa al cliente que se tambaleaba.
-         Yo conocí a Napoleón y a Josefina, dijo entre sorbo y sorbo el borracho.
Se agarró a la barra en un intento de guardar el equilibrio y añadió:
      -     Me acuerdo…., me acuerdo de… de la Guerra de la Independencia
Pepe que me traía el café y el pitufo lo miró de reojo, movió la cabeza y dijo unas palabras entre dientes que no comprendí. Me picó la curiosidad y estuve a punto de preguntarle que había dicho.

-         Si, si, dijo tambaleándose, conocí a Napoleón y a Josefina.
Se quedó callado 3 o 4 segundos con la mirada perdida y volvió a hablar.
-         Conocí a Marco Antonio y a Cleopatra.
El otro camarero se sonreía sin decir ni palabra.
El de los 60, atónito, levantó la mirada del periódico, me miró como con una pregunta esperando una explicación a lo que ocurría.
-         Eh! amigo, ¿quiere usted tomar una copa conmigo después que tome el desayuno?
-         Se lo agradezco, tengo un poco de prisa, tengo cita con el medico.
-         Eso me haría falta a mi, ir al medico, -dijo pensativo y prosiguió- que ruina de salud, y todo esto por culpa de una mujer.
Ese comentario que hizo me llamó la atención y tal vez lo explicaría todo. Pepe volvió a mover la cabeza, esta vez asintiendo.
-         No bebas mas, le dijo Pepe, cuando termines la copa te estas marchando a tu casa a dormir.
-         Pero Pepe a donde voy a ir con lo bien que estoy aquí rodeado de buenos amigos.
Pagué el importe del desayuno, me disponía a marcharme, el señor de los 60 se quedó entre el periódico y observando al borracho.
-         Oye Pepe!, ¿sabes? yo…, yo… conocí a Viriato y …..
Ya salía por la puerta del bar y no escuché el final de la frase de mi amigo el borracho que a tanto personaje importante conocía, supongo que si estaba bien documentado nombraría a Ada, la esposa de Viriato. Me fui pensando en el comentario de que todo era por culpa de una mujer, ¿qué habría ocurrido en su vida?, ¿qué le pasó con la citada mujer?, ¿esposa?, ¿amante?, ¿amor prohibido?
Se fueron diluyendo mis pensamientos y mezclándose con otros, la vida, el trabajo, la prueba radiológica…..

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